Desde mediados del siglo XX, el butano y el propano han estado presentes en la vida de muchísimas personas, y las bombonas se han convertido en un elemento inconfundible de la vida cotidiana de muchos hogares españoles.
Su evolución no refleja solo avances tecnológicos, sino también cambios sociales, regulatorios y de consumo, que han ido sucediendo a la vez. En este artículo vamos a echar la vista atrás para conocer su origen como solución energética accesible, hasta conocer desarrollos más recientes que han mejorado la experiencia de uso, la seguridad, y también los nuevos retos a los que se enfrenta en el mercado actual.
El origen de la bombona de butano
La historia de la bombona comienza en la segunda mitad del siglo XX. En 1957 se constituye Butano S.A., participada por REPESA y CAMPSA (empresas bajo el paraguas del Instituto Nacional de Industria, que operaban prácticamente como monopolios con alta participación pública) para distribuir gases licuados del petróleo (GLP) —butano y propano— en España. Hasta entonces, lo más habitual era el uso de combustibles como el carbón o la leña, con las limitaciones de seguridad, transporte y almacenaje que suponía.
En pleno éxodo rural hacia las grandes ciudades, a menudo a zonas o barrios más alejadas y sin conexión a gas, muchas familias encontraron en la bombona de butano una solución energética eficiente, económica, fácil de transportar, y fiable. En pocos años, se pasó de alrededor de medio millón de usuarios de butano, a 7 millones.
La creación de una gran red de reparto (los icónicos butaneros) contribuyó a una expansión y aceptación popular sin precedentes, y a que las bombonas llegaran a todas partes.
En 1986 se libera el mercado, y la competencia y la diversificación marcaron la evolución de un producto que ha sido protagonista energético de varias generaciones.
Diseño y fabricación: color y forma inconfundibles
Pocos diseños hay más fáciles de reconocer en España, tanto por su forma como por su color, que el de una bombona de butano. Su característico color naranja brillante, además de verse a distancia con facilidad y ser fácilmente identificable con el producto en cuestión, servía como elemento de seguridad para ver de forma rápida que efectivamente aquello era una bombona de butano.
Las primeras bombonas se fabricaron con acero de gran espesor. Esto garantizaba la seguridad en el almacenamiento de gas licuado, pero a cambio las hacía muy pesadas cuando estaban llenas, e incluso bastante pesadas cuando estaban vacías. En el formato de 12,5kg de gas, el más habitual para uso doméstico, el peso de la bombona ronda los 25kg llena y los 14kg vacía.
Los avances tecnológicos, y la entrada de competencia que buscaba ofrecer mejor calidad en el servicio y el producto, han permitido la creación de nuevos envases más manejables que reducen drásticamente el peso de la bombona gracias al uso de aceros más delgados y resistentes. Hoy conviven 3 modelos principales:
- Tradicional (12,5 kg de gas, ~26 kg llena – ~14kg vacía).
- Ligera (12,5 kg de gas, ~20 kg llena – ~7,5kg vacía).
- K6 (6 kg de gas, ~11 kg llena – ~5kg vacía).
La cantidad de gas en los modelos habituales es el mismo, reduciendo mucho el peso tanto vacía como llena.
Distribución, precio y regulación
Uno de los factores clave en la popularización de la bombona fue su sistema de distribución. En los años 60 y 70, el icónico “butanero” recorría las calles con su camión, repartiendo bombonas a domicilio y anunciando su llegada con un claxon característico. Con el tiempo, se incorporaron puntos de venta en gasolineras, y hoy incluso se pueden solicitar por internet y también a través de canales simples como WhatsApp.
El precio de la bombona ha estado regulado por el Estado, con revisiones bimestrales publicadas en el BOE. En 1980 costaba unas 395 pesetas (≈ 0,70 €), en 1990 ya eran 745 pesetas (≈ 1,33 €). Durante los años 2000, el precio se movió entre 10 y 15 €, alcanzando picos de 14,10 € en 2008. Si quieres ver la evolución del precio de la bombona a lo largo de los años, puedes consultarlo aquí.
En 2022 se alcanzó el máximo histórico de 19,55 €, y en 2025 el precio llegó a 17,67 €, con subidas reguladas que nunca pueden superar el 5% por revisión.
Los factores que más influyen en estas variaciones son el coste internacional del petróleo, el transporte y la evolución del euro-dólar.
Gas Propano: alternativa y evolución
Aunque el butano fue el protagonista en las ciudades, el propano se convirtió en la alternativa ideal en zonas frías o rurales. A diferencia del butano, mantiene su capacidad de gasificación a temperaturas bajo cero, lo que lo hace más eficiente en invierno. Por ello, el propano fue la elección preferida en viviendas rurales, negocios hosteleros y en sectores agrícolas o industriales que necesitaban un suministro fiable durante todo el año.
El propano fue identificado por primera vez en 1910 en Estados Unidos por el químico Walter O. Snelling, quien descubrió que ciertos componentes volátiles de la gasolina podían licuarse y almacenarse de forma segura. En 1911 ya se comenzó a comercializar en envases a presión, y en las décadas de 1920 y 1930 se expandió su uso en Norteamérica. En España, su introducción fue paralela a la del butano en los años 50, siempre bajo el paraguas de Butano S.A.
En la actualidad, conviven varios modelos de bombona, con una evolución similar a la de las de butano:
Bombona doméstica (11 kg)
- Gas: 11 kg de propano
- Peso en vacío: ~11 kg
- Peso llena: ~22 kg
Bombona industrial / alto consumo (35 kg)
- Gas: 35 kg de propano
- Peso en vacío: ~35 kg
- Peso llena: ~70 kg
Bombona ligera de propano (formatos modernos, similares a butano ligero)
- Gas: 11-12,5 kg de propano (puede variar según el fabricante)
- Peso en vacío: ~7,5 kg
- Peso llena: ~19-20 kg
Innovación, sostenibilidad, y retos futuros
El sector del GLP envasado vive un proceso de transformación. Las principales compañías de butano y propano han introducido bombonas con materiales más sostenibles (con plástico reciclado en su composición), más ligeras y resistentes, o incluso con sistemas NFC para seguimiento digital del envase.
La tradicional bombona metálica está siendo progresivamente reemplazada por envases híbridos de acero + polímeros, más seguros, ergonómicos y duraderos.
A la vez, el mercado afronta un descenso en la demanda: el consumo de GLP envasado en España cayó un 25% entre 2010 y 2021, debido al auge del gas natural canalizado y de soluciones eléctricas como la inducción y las bombas de calor.
El reto de los próximos años será mantener la relevancia de un producto histórico en un contexto donde la eficiencia y la sostenibilidad son prioritarias.
El butano y el propano llevan siendo una opción energética segura y eficiente para millones de hogares desde hace décadas. Los principales fabricantes han sabido adaptarse a las nuevas tendencias y necesidades, aplicando mejoras en su envasado y distribución para hacer que estén al alcance de todos los consumidores con facilidad y rapidez.
En un contexto de cambio constante, de crisis energéticas, de nuevas fuentes de energía, y de objetivos de sostenibilidad, el GLP envasado se mantiene como la mejor opción para muchos hogares y empresas. En Nieves Butano somos distribuidores de gas envasado CEPSA, y disponemos de servicios adicionales como la revisión y mantenimiento de la instalación, o el alquiler de estufas de gas.
