Las bajas temperaturas pueden afectar a nuestro vehículo de diferentes maneras: desde dificultar la visión al conducir porque las ventanas o el parabrisas tienen escarcha o se empañan, hasta causar desperfectos en la carrocería o en algunas piezas.
Aunque el combustible no se estropea debido al frío convencional, es importante entender cómo puede afectar a la gasolina o al diésel. Conocer los parámetros técnicos que determinan hasta qué temperaturas pueden funcionar correctamente, o qué puede ocurrir si llegan a sus respectivos límites, puede ser de utilidad si vivimos en zonas donde los inviernos son especialmente duros.
En este artículo conoceremos estas características, las diferencias que hay entre ambos tipos de combustible, y hasta qué temperaturas pueden funcionar de forma estable y segura para el motor de nuestro vehículo.
¿Cómo afecta el frio a la gasolina?
La gasolina es menos sensible al frío que el diésel, aunque eso no significa que no debamos tener cuidado si alcanzamos temperaturas extremadamente frías.
El punto de congelación de este tipo de combustible está por debajo de los -40º, una temperatura que se da en muy pocas regiones del planeta. Sin embargo, no es necesario alcanzar el punto de congelación y que se solidifique para que la gasolina:
- Disminuya su evaporación
- Dificulte el arranque en frío del motor
- Aumente ligeramente el consumo hasta alcanzar la temperatura óptima
Para evitar problemas de arranque en frío, la gasolina no se mantiene igual todo el año. Su formulación cambia según la estación, especialmente en lo relativo a la presión de vapor (RVP – Reid Vapor Pressure – por sus siglas en inglés) y a determinados parámetros de destilación regulados por la norma europea EN 228. En invierno, la presión de vapor es más alta para aumentar la volatilidad del combustible y facilitar el arranque en frío.
Esto es importante porque la gasolina necesita evaporarse para mezclarse correctamente con el aire dentro del motor. A bajas temperaturas, la evaporación es más difícil. Al permitir una mayor presión de vapor y ajustar la parte inicial de la curva de destilación (es decir, la proporción de componentes más ligeros que se evaporan antes), se favorece la formación de vapores incluso con frío, mejorando el encendido y la estabilidad del motor en los primeros segundos de funcionamiento.
En condiciones normales, la gasolina funciona bien incluso por debajo de los -20º (temperaturas que son difíciles de alcanzar en España), por lo que no debemos preocuparnos de que haya riesgo de congelación o solidificación del combustible.
¿Cómo afecta el frío al diésel?
El diésel, por el contrario, sí es un combustible más susceptible a las bajas temperaturas debido a las parafinas naturales que forman parte de su composición.
Cuando bajan las temperaturas, estas parafinas pueden empezar a cristalizarse dando lugar al llamado punto de enturbiamiento (cloud point), que en gasóleos convencionales está sobre los -5º. A partir de ese momento aparecen pequeños cristales visibles que aumentan progresivamente si la temperatura sigue bajando. Cuando se alcanza el CFPP (Cold Filter Plugging Point), que en el gasóleo de invierno en España suele situarse alrededor de -10 °C, el combustible puede dejar de fluir correctamente a través del filtro. Esto ocurre porque los cristales se acumulan y obstruyen el filtro, impidiendo que el gasóleo llegue en cantidad suficiente al sistema de inyección. Si esto llegara a pasar, el resultado podría ser:
- Dificultad o imposibilidad de arrancar el motor
- Pérdida de potencia mientras se circula
- Parada del motor cuando la obstrucción es grave
El CFPP (Cold Filter Plugging Point) es el parámetro que marca la temperatura mínima a la que el gasóleo puede atravesar el filtro sin que este se bloquee.
Por tanto, en el caso del diésel, el parámetro determinante no es la volatilidad (como ocurre en la gasolina), sino su fluidez en frío. Esta característica está regulada en Europa por la norma norma EN 590, que establece distintas clases climáticas y límites de CFPP según la época del año y la zona geográfica, garantizando que el combustible comercializado en invierno esté adaptado a las temperaturas habituales de cada región.
Existen aditivos para disminuir el punto de congelación hasta -30º que pueden resultar útiles si vivimos en zonas con climas muy fríos, o si hay previsión de una bajada muy fuerte de temperaturas, que pueden añadirse al depósito de combustible. Podrás encontrar estos aditivos en las tiendas de nuestras estaciones de servicio.
En la siguiente tabla mostramos una comparativa rápida entre ambos tipos de combustible:
| Gasolina | Diésel | |
| Norma técnica | EN 228 | EN 590 |
| Problema en frío | Menor evaporación | Cristalización de parafinas |
| Parámetro clave | RVP (volatilidad) | CFPP (fluidez en frío) |
| Riesgo real en España | Muy bajo | Moderado en heladas intensas |
| Temperatura mínima habitual | < -20 °C sin problema | -10 °C aprox. en invierno |
La gasolina y el diésel son más diferentes de lo que puede parecer, más allá de aspectos básicos como el precio por litro o el consumo. En España, si tenemos un vehículo que funciona con gasolina, no deberíamos tener problemas causados por el frío. Sin embargo, y aunque tampoco es tan habitual llegar a temperaturas extremas, el diésel puede requerir tener más en cuenta la climatología.
En cualquier caso, si conocemos cómo funciona el motor y el combustible de nuestro vehículo, y siempre y cuando repostemos en estaciones de servicio que cumplan con las normativas de calidad vigentes (como las estaciones de servicio Nieves y el sello de calidad SGS), podemos tener la tranquilidad de que el carburante que utilizamos cumple con las especificaciones técnicas exigidas para cada época del año.

